IntroducciĆ³n

El reconocimiento de los derechos humanos en el mundo siempre ha estado guiado por el proceso gradual de maduraciĆ³n de carĆ”cter inmaterial o espiritual de la humanidad dirigido al reconocimiento progresivo de su interdependencia y unidad fundamental, lo que ha originado en buena parte al avance del constitucionalismo y el desarrollo de polĆ­ticas pĆŗblicas orientadas al beneficio colectivo, que se traducen en lo que conocemos hoy como la consagraciĆ³n del Estado Social de Derecho en varios ordenamientos legales.

Es un tĆ³pico mencionar que el primer conjunto de derechos humanos reconocido fue el de los derechos individuales y polĆ­ticos desde la primera declaraciĆ³n universal de los derechos del hombre, al que siguiĆ³ el reconocimiento de los derechos econĆ³micos, sociales y culturales a partir de las primeras dĆ©cadas del siglo XX, y que en dĆ©cadas recientes se dio lugar a la consagraciĆ³n paulatina de los llamados derechos colectivos y del ambiente, tambiĆ©n llamados derechos difusos o de tercera generaciĆ³n.

Sin embargo, el proceso de ningĆŗn modo ha terminado allĆ­, y hoy en dĆ­a el gran reto de la humanidad, guiados por el mencionado proceso espiritual, es el de reconocer y garantizar unos derechos que de una parte, sean universales en toda la dimensiĆ³n del concepto, o sea, no sĆ³lo en cuanto a su reconocimiento legal generalizado, sino en cuanto a que el conjunto de la humanidad se convierta en responsable del bienestar de cada uno de sus integrantes, de cada sujeto de derecho, y de la otra parte, los derechos deben ser integrales y su realizaciĆ³n debe estar dirigida a satisfacer en forma profunda y sinĆ©rgica lo que hoy se reconoce como las necesidades humanas fundamentales.

Por lo tanto, dos conceptos deben ser explorados para la construcciĆ³n de una nueva dimensiĆ³n de los derechos humanos, el del sujeto universal de derechos y el de lasĀ necesidades humanas fundamentales como fuente de los derechos y parĆ”metro de evaluaciĆ³n, pero ademĆ”s existe un concepto central que los sustenta y es el de laĀ unidad en diversidad, pues resulta ser el paradigma que guĆ­a todos los esfuerzos de construcciĆ³n de un nuevo orden de cosas en el mundo sobre bases de progreso, justicia, paz y seguridad, por lo que conviene repasarlo en primer tĆ©rmino en este artĆ­culo.

La Unidad en Diversidad

Este paradigma, que hoy forma parte del ideario de muchos paĆ­ses y organizaciones en todo el mundo, a pesar de existir un desconocimiento generalizado sobre su origen y de todas sus connotaciones conceptuales y prĆ”cticas, tuvo una formulaciĆ³n inigualada por medio de BahĆ”ā€™uā€™llĆ”h 1 en sus escritos, sus enseƱanzas y su obra desde mediados del siglo XIX, obra que fue continuada por quienes lo sucedieron en la direcciĆ³n de la comunidad mundial bahĆ”’Ć­ y por numerosos autores e instituciones que forman parte de ella.

En consonancia con esa visiĆ³n, la unidad en diversidad de toda la humanidad, debe constituir la Ćŗltima etapa en su proceso de maduraciĆ³n colectiva, que comenzĆ³ con la evoluciĆ³n de la familia a la tribu, de esta a la aldea y a la ciudad estado y de estas a la naciĆ³n moderna, faltando la unidad de las naciones en una especie de federaciĆ³n mundial.

La unidad en diversidad parte de la comprensiĆ³n de que la humanidad es un sistema complejo y dinĆ”mico que requiere del aporte creativo y constructivo de todos los integrantes del cuerpo social, o sea la expresiĆ³n plena de la diversidad humana, pero garantizando a su vez el trabajo cooperativo y armonioso de todo el conjunto, o sea de su capacidad de acciĆ³n conjunta, de su unidad.

Por lo tanto, ella no es simplemente una formulaciĆ³n idealista originada en las buenas intenciones de una humanidad ingenua y vuelta a su estado natural, sino un principio integrador de diversos aspectos, entre ellos el de ser un principio fundante de la realidad natural y humana, el de ser un valor universal de aplicaciĆ³n social y de apropiaciĆ³n personal, como tambiĆ©n el de contar con un mĆ©todo prĆ”ctico para la toma de decisiones a travĆ©s del sistema cooperativo denominado consulta, y el de ser el fin a alcanzar por toda la humanidad por medio de una organizaciĆ³n socio polĆ­tica unificada e incluyente.

El Sujeto Universal de Derechos

Es de reconocimiento general que todo individuo de la especie humana, por el sĆ³lo hecho de existir, es sujeto de derecho. O sea, que por el sĆ³lo hecho de tener el don de la vida, cada uno de nosotros, tiene, tanto el derecho a conservarla, como a ejercer los demĆ”s derechos que permitan que esa vida sea vivida de una forma digna. Por lo tanto, el sujeto de derecho viene a ser el titular indiscutido de un conjunto de prerrogativas inherentes a la condiciĆ³n de ser humano, de persona, con la posibilidad real de reclamar su aplicaciĆ³n preventiva o la reparaciĆ³n en caso de pĆ©rdida o violaciĆ³n.

En este orden de ideas cabe preguntarseĀ cuĆ”l debe ser la contraparte del sujeto de derecho, o sea, a quien o a quienes puede exigir la realizaciĆ³n de sus derechos, pues en esta respuesta estĆ” el meollo del problema. Y es aquĆ­ donde formulamos un principio novedoso con plenos alcances jurĆ­dicos, basado en documentos de la Comunidad Internacional BahĆ”’Ć­, cuĆ”l es el de queĀ cada ser humano nace al mundo bajo el fideicomiso del conjunto 2. Fideicomiso, quiere decir, encargo de confianza y supone una responsabilidad por parte de quien lo asume. La idea, es entonces, que cada ser humano viene al mundo bajo la responsabilidad del conjunto, y por lo tanto este debe garantizarle los medios necesarios para que pueda vivir una vida digna y de calidad.

Pero entonces ĀæquĆ© debe entenderse por el conjunto? ĀæSe refiere acaso sĆ³lo a la familia que lo tuvo en su seno, o a la comunidad donde ha nacido y crecido el individuo, a la ciudad o pueblo al que pertenece, al paĆ­s o Estado del que jurĆ­dicamente forma parte, o tambiĆ©n incluye a todos los estamentos e integrantes de la humanidad? De conformidad con el principio de la unidad en diversidad debemos afirmar que solamente si la humanidad en su conjunto, a travĆ©s de sus formas de acciĆ³n y organizaciĆ³n social y polĆ­tica, asume a cada individuo bajo su fideicomiso, su cuidado y responsabilidad, es posible construir un mundo justo y pacĆ­fico, donde todos los habitantes puedan tener similares posibilidades y condiciones de desarrollo y realizaciĆ³n de su potencial.

Es asĆ­ como la contraparte del principio de la unidad en diversidad es el de que cada individuo viene bajo el fideicomiso del conjunto y ese conjunto es la humanidad entera. Solamente si cada individuo, en su singularidad o en su autĆ©ntica diversidad, tiene la posibilidad real de desplegar su potencial humano, puede aportar y contribuir en forma significativa al desarrollo de las posibilidades de un grupo social, de una cultura, de un paĆ­s y tambiĆ©n, de la humanidad.

Y de esta forma, la comunidad y el individuo, pueden interactuar en una relaciĆ³n de mutuo beneficio, poniendo fin al dilema de si primero debe cambiar la sociedad o el individuo, pues asĆ­ como se ha dicho que no es posible construir una sociedad de oro con individuos de plomo, tambiĆ©n podemos comprender que no puede concebirse la transformaciĆ³n individual generalizada en medio de un vacĆ­o social.

Las Necesidades Humanas Fundamentales

Manfred Max-Neef 3, economista y pensador chileno, Premio Nobel Alternativo, desarrollĆ³, junto con otros dos autores, el concepto de necesidades humanas fundamentales, llegando a conclusiones como las siguientes:

– LasĀ necesidades humanas, contrario a lo que comĆŗnmente se piensa, son pocas y clasificables y son las mismas en todas las culturas. Lo que cambia es la manera de satisfacerlas, o sea los satisfactores. Las necesidades son las siguientes:

  1. Subsistencia (AlimentaciĆ³n, vivienda, vestido)
  2. ProtecciĆ³n (Seguridad, salud, defensa)
  3. Afecto (Amor, amistad, cariƱo, simpatƭa)
  4. Entendimiento (FormaciĆ³n, aprendizaje, comprensiĆ³n)
  5. ParticipaciĆ³n (Aporte, cooperaciĆ³n, contribuciĆ³n)
  6. OcioRecreaciĆ³n (Descanso, entretenimiento, diversiĆ³n)
  7. CreaciĆ³n (Iniciativa, arte, ciencia, proyectos)
  8. Identidad (Valores culturales, origen, pertenencia)
  9. Libertad (Independencia, autonomĆ­a)
  10. Transcendencia (ConexiĆ³n con lo superior, comuniĆ³n con la naturaleza)

– Frente a la satisfacciĆ³n de cada necesidad encontramos tres posibilidades: O bien existe una pobreza, una carencia o bien una potencialidad.

Las pobrezas 4

Una necesidad insatisfecha genera una pobreza o una carencia. Por ejemplo la insatisfacciĆ³n de la necesidad de subsistencia genera insuficiente alimentaciĆ³n, ropa o vivienda; la de protecciĆ³n, inseguridad, ineficacia de sistemas de seguridad y protecciĆ³n social; la de afecto, el autoritarismo, la opresiĆ³n, el aislamiento y las relaciones frĆ­as.

Los satisfactores 5

Ahora bien, como dijimos, lo que varĆ­a de cultura a cultura, de Ć©poca en Ć©poca,  no son las necesidades, sino la manera de satisfacerlas, y a los medios utilizados para ello se les conoce como satisfactores. Y estos pueden clasificarse en cinco categorĆ­as a saber:

  • Violadores o Destructores 6: Pretenden satisfacer una necesidad, pero su efecto no sĆ³lo impide la satisfacciĆ³n de esta necesidad, sino tambiĆ©n la de otras, como el caso delĀ armamentismo que pretende satisfacer la necesidad de protecciĆ³n pero imposibilita la satisfacciĆ³n de necesidades como el afecto, el entendimiento, la participaciĆ³n, la creaciĆ³n, la identidad y la libertad.
  • Pseudos-satisfactores 7: Estimulan una falsa sensaciĆ³n de satisfacciĆ³n de una necesidad determinada. A largo plazo aniquilan la posibilidad de satisfacciĆ³n de dicha necesidad, como el caso de laĀ sobreexplotaciĆ³n de recursos naturales que aparenta satisfacer la necesidad de subsistencia, el de laĀ democracia formal que aparenta satisfacer la de participaciĆ³n, o el de laĀ prostituciĆ³n con relaciĆ³n al afecto.
  • Inhibidores 8: El modo en que Ć©stos satisfacen o satisfacen en exceso una necesidad determinada, dificulta seriamente la posibilidad de satisfacer otras necesidades. Generalmente emanan de hĆ”bitos arraigados. Ejemplos de estos satisfactores los encontramos en laĀ competencia econĆ³mica excesiva que apunta a la necesidad de libertad pero inhibe la satisfacciĆ³n de necesidades como la subsistencia, la recreaciĆ³n, la protecciĆ³n, el afecto y la participaciĆ³n, o tambiĆ©n elĀ paternalismo que satisface la necesidad de protecciĆ³n pero inhibe las de entendimiento, de libertad, de participaciĆ³n y de identidad.
  • Singulares 9: Apuntan a la satisfacciĆ³n de una sola necesidad, siendo neutros respecto de otras, como losĀ programas asistenciales de vivienda o deĀ donaciĆ³n de alimentos con relaciĆ³n a la necesidad de subsistencia,Ā los espectĆ”culos deportivos con relaciĆ³n a la de recreaciĆ³n yĀ los regalos y obsequios que satisfacen la necesidad de afecto.
  • SinĆ©rgicos 10: Estos tienen poder multiplicador, ya que su forma de satisfacer una necesidad determinada, estimula y contribuye simultĆ”neamente a la satisfacciĆ³n de otras necesidades. Entre ellos tenemos a laĀ lactancia materna que satisface la necesidad de subsistencia pero tambiĆ©n potencia el afecto, la protecciĆ³n, la identidad, el entendimiento, la participaciĆ³n y la recreaciĆ³n, o laĀ educaciĆ³n popular que satisface la necesidad de entendimiento y potencia la participaciĆ³n, la creaciĆ³n, la identidad y la libertad.

Necesidades y Derechos

De este modo podemos comprender que las necesidades humanas fundamentales son la fuente principal de los derechos. Reflexionemos un poco al respecto: si como ser humano soy sujeto de derecho y estoy bajo la responsabilidad del conjunto de la sociedad, de forma natural tengo derecho a que me sean reconocidas mis necesidades humanas fundamentales en forma de derechos obligatorios y viables, lo que significa que dichas necesidades no son sĆ³lo meras aspiraciones ideales imposibilitadas de realizaciĆ³n.

Si revisamos las 10 necesidades relacionadas, podemos visualizar que ellas son las fuentes de los derechos reconocidos por el ordenamiento legal y apreciar en quĆ© grado dichos derechos se han constituido en herramientas Ćŗtiles para su satisfacciĆ³n y cuĆ”nto falta en el camino de su realizaciĆ³n plena. Por ejemplo, las necesidades de subsistenciaprotecciĆ³nlibertad, por tener como eje a la vida misma y a su integridad, han sido objeto constante de preocupaciĆ³n, lucha y promulgaciĆ³n de derechos constitucionales y legales, y aunque encontramos un desfase entre la teorĆ­a y la prĆ”ctica, en un grado importante estos derechos han sido reconocidos y forman parte del ideario de la sociedad.

Necesidades como las de entendimientorecreaciĆ³ncreaciĆ³n, buscan ser cubiertas con el derecho a la educaciĆ³n y el derecho al trabajo, fundamentalmente. La necesidad de participaciĆ³n, tambiĆ©n ha sido recientemente reconocida y nuestra ConstituciĆ³n PolĆ­tica consagra diversos mecanismos de participaciĆ³n ciudadana, aun cuando el marco general no logra superar en muchos casos el Ć”mbito de la polĆ­tica partidista.

Sin embargo, necesidades humanas de carĆ”cter inmaterial, como es el caso del afecto, la identidad y la transcendencia, todavĆ­a carecen de una formulaciĆ³n plena en los derechos respectivos, a pesar de los acercamientos realizados desde el ordenamiento legal y la doctrina jurĆ­dica en tal sentido.

En esta direcciĆ³n instituciones como las Naciones Unidas, se han preocupado por encontrar indicadores que van mĆ”s allĆ” de las frĆ­as estadĆ­sticas de crecimiento econĆ³mico, y buscan medir otras necesidades o facetas mĆ”s profundas de las mismas, en forma de Ć­ndices de desarrollo humano. Y otras instituciones han ido aun mĆ”s allĆ” y han propuesto en diversos foros mundiales la creaciĆ³n de indicadores espirituales de desarrollo humano, que incluyen por ejemplo el grado de igualdad de la mujer con el hombre, el grado de unidad en diversidad y el de respeto al medio ambiente, entre otros.

Finalmente, podemos comprender que la satisfacciĆ³n de las necesidades humanas fundamentales, depende no sĆ³lo de su consagraciĆ³n en tĆ©rminos legales, sino tambiĆ©n de la efectividad de los medios o herramientas para aplicarlos, esto es, de los satisfactores sinĆ©rgicos y en esa direcciĆ³n deben orientarse los esfuerzos de todas las personas, grupos e instituciones comprometidos con la construcciĆ³n de un nuevo orden mundial para beneficio de toda la humanidad.

Referentes BibliogrƔficos

  • Comunidad Internacional BahĆ”’Ć­.Ā Valorando la Espiritualidad en el Desarrollo, documento presentado al “DiĆ”logo Mundial de las Fes y el Desarrollo”, auspiciado por el Presidente del Banco Mundial y el Arzobispo de Canterbury, realizado en el Palacio de Lambeth, del 18 al 19 de febrero de 1998. 16p.
  • Max-Neef, Manfred, Elizalde, Antonio y Hopenhayn, Martin.Ā Desarrollo a Escala Humana: una opciĆ³n para el futuro, Cepaur, Santiago de Chile, 1986. 96p.

NOTA: El presente artĆ­culo fue publicado en la BoletĆ­n Horizontes Empresariales de la Facultad de Ciencias Administrativas y Contables de la InstituciĆ³n Universitaria Cesmag, donde el autor es docente de las cĆ”tedras de Derecho. Vol. I NĀ° 1 / Noviembre 2010 – ISSN 2215-8308

Referencias

  1. BahĆ”’u’llĆ”h (1817-1892), fue el fundador de la comunidad mundial bahĆ”ā€™Ć­, viviĆ³ durante el siglo XIX y el impacto creciente de su obra, que abarca todos los aspectos de la vida y la sociedad humanas, es sin duda un hecho notable de nuestro tiempo, y constituye fuente de guĆ­a y conocimiento para encontrar respuestas a dilemas de todas las Ć©pocas y culturas, y desarrollar principios y herramientas para la soluciĆ³n de los problemas globales y los retos de la llegada de la etapa de madurez de la humanidad. ā†©ļøŽ
  2. “En este aspecto, cada individuo necesita comprender que, ya que el cuerpo de la humanidad es uno e indivisible, cada miembro de la raza humana nace en el mundo como un fideicomiso de la totalidadā€. Comunidad Internacional BahĆ”’Ć­, Valorando la Espiritualidad en el Desarrollo, presentado al “DiĆ”logo Mundial de las Fes y el Desarrollo”, auspiciado por el Presidente del Banco Mundial y el Arzobispo de Canterbury, realizado en el Palacio de Lambeth, del 18 al 19 de febrero de 1998. p. 5. ā†©ļøŽ
  3. Manfred Max-Neef Ā y otros,Ā Desarrollo a escala humana: una opciĆ³n para el futuro, Santiago de Chile, 1986. p. 27. ā†©ļøŽ
  4. Max-Neef, ManfredĀ y otros. op. cit. p. 27. ā†©ļøŽ
  5. Ibid., p. 35. ā†©ļøŽ
  6. Ibid., p. 43. ā†©ļøŽ
  7. Ibid., p. 44. ā†©ļøŽ
  8. Ibid., p. 44. ā†©ļøŽ
  9. Ibid., p. 45. ā†©ļøŽ
  10. Ibid., p. 45. ā†©ļøŽ